Corría el año 1588 y la “Grande y Felicísima Armada” partía de Lisboa rumbo a la empresa de Inglaterra. Entre sus ciento veintinueve naves y treinta mil tripulantes, el capitán Francisco de Cuéllar sería protagonista de una de las más increíbles epopeyas de la historia.

No existe mucha información sobre la vida del capitán Francisco de Cuéllar con anterioridad a la empresa de Inglaterra, se le supone original de la población de Cuéllar en Segovia y con fecha de nacimiento en torno al año 1562. Hay quien ha llegado a emparentarle con uno de los integrantes de los “Trece de la fama”, por llevar su mismo nombre, pero parece improbable. Participó en la anexión de Portugal en 1581 y posteriormente en una expedición al Brasil. El caso es que debía ser una persona de cierta enjundia, para llegar a ser nombrado capitán del galeón “San Pedro” de la Armada. Tras los sucesos con la flota inglesa en las Gravelinas, la nave del capitán Francisco de Cuéllar se adelantó a la escuadra para realizar unas reparaciones contraviniendo las órdenes de mantener la formación y Medina Sidonia no dudó en sentenciarle a muerte. Sin embargo, una vez trasladado al galeón “La Lavia” para ejecutar la sentencia, consiguió que le fuera conmutada la pena capital. Será a bordo de este navío donde el 25 de septiembre de 1588, junto a los galeones “La Juliana” y “Santa María de Visón”, naufraguen en la playa irlandesa de Streedagh, falleciendo ahogados más de mil tripulantes. La mayor parte de los trescientos que llegaron maltrechos a la playa no corrieron mejor suerte, pues fueron masacrados por las tropas inglesas.

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Playa de Streedagh, al fondo los montes de Donegal
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Playa de streedagh (Sligo)
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Restos de madera de la Armada visibles con marea muy baja
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Monumento en forma de barco en la carretera de la playa, levantado en 1988
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Placa con los naufragios de la Armada en las costas irlandesas

Herido en ambas piernas, de Cuéllar buscó un monasterio donde algún monje católico pudiera socorrerle, llegando a la cercana abadía de Staad, para su desesperación se encontró la iglesia quemada y doce compañeros ahorcados en su interior.

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Abadía de Staad
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Restos de la abadía de Staad y monte Benbulben al fondo
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Indicador de la ruta de Francisco de Cuéllar

Tras regresar a la playa, se adentró en el interior de la isla, cruzando cerca de la población de Grange, donde hoy se encuentra el centro de interpretación de la Armada y cada septiembre se realizan actos conmemorativos de los naufragios. A lo largo del recorrido nos iremos encontrando algunos indicadores y paneles explicativos, aunque parte de ellos hayan desaparecido al correr de los años.

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Grange
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Centro de interpretación de la Armada en Grange (inaugurado en 2018)
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Centro de interpretación de la Armada en Grange
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Carta de su majestad Felipe II ordenando partir a la Armada de Lisboa
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Daga y sellos conmemorativos
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Cartel del acto conmemorativo de 2018

Tras sufrir el asalto de algunos lugareños y la ayuda de otros muchos, de Cuéllar consiguió llegar a orillas del lago Glencar, donde se vino a topar con otros tres náufragos en una choza con los que prosiguió camino hasta el castillo de O’Rourke, donde habían conseguido llegar más de setenta españoles.

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Lago Glencar
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Lago Glencar (desde la cascada de la chimenea del diablo)
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Cascada de Glencar
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Indicador y panel explicativo de la ruta de Francisco de Cuéllar
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Castillo de O’Rourke
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Restos del castillo de O’Rourke

En el castillo de O’Rourke llegó a su conocimiento que un barco español estaba realizando reparaciones en el puerto de Killibegs y pronto a partir. Unos veinte españoles se pusieron en marcha, pero debido a las heridas de Cuéllar se quedaría rezagado de sus compañeros, lo cual salvaría nuevamente su vida, pues el navío en cuestión era “La Girona” de don Alonso Martínez de Leyva, que naufragaría poco después en su intento por llegar a Escocia. Tras ser tomado como esclavo por un herrero del valle de Glenade, fue liberado a los diez días por las gentes de McClancy que le condujeron al castillo de Rossclogher situado en una pequeña isla del lago Melvin, donde llegó a gozar de cierta popularidad entre las mujeres por leer el futuro en la palma de la mano. Ante la noticia de la llegada de mil ochocientos soldados con intención de tomar el castillo, McClancy y su pueblo escaparon a las montañas. Sin embargo, cansado de vagar y esconderse, de Cuéllar al mando de ocho españoles decidió quedarse y defender el castillo. Durante diecisiete días aguantaron el asedio, hasta que el mal tiempo obligó a las tropas inglesas a retirarse. Desde ese momento el capitán Francisco de Cuéllar pasó de ser un simple náufrago a prófugo buscado por los ingleses.

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Valle de Glenade, donde fue hecho esclavo por un herrero
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La roca del águila, valle de Glenade
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Mural en la pared de The Courthouse en Kinlough
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Lago Melvin con el castillo de Rossclogher en una pequeña isla
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Restos del castillo de Rossclogher desde la orilla del lago Melvin
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Ovejas en formación cual tropas inglesas

A principios de 1589 de Cuéllar tomó el camino de la costa norte, la cual alcanzó tras veinte días de caminata, viniendo a parar al lugar donde naufragó “La Girona”, en punta Lacada junto a la Calzada de los Gigantes. Tras alguna aventura más esquivando a los ingleses y protegido por algunas amables lugareñas en Castleroe, tomó contacto con el obispo de Derry, el cual le protegió y le ayudó a embarcar en la punta Magilligan rumbo a Escocia.

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Punta Lacada
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Placa con el punto de hundimiento de La Girona (arriba derecha)
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Castillo de Dunluce
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Punta Magilligan (playa Benone), al fondo Donegal

Tras seis meses en Escocia, embarcó junto con otros compañeros en cuatro bajeles con destino a Flandes, pero a la entrada de Dunquerque fueron asaltados por navíos holandeses y de Cuéllar tuvo que saltar de nuevo al agua y llegar como náufrago a las playas de Flandes, donde los soldados de los Tercios le recogieron.

Tras sobrevivir milagrosamente a todas estas peripecias, el capitán Francisco de Cuéllar sirvió varios años en Flandes a las órdenes de Alejandro Farnesio, luchó en la guerra del Piamonte, pasó a servir en Nápoles y posteriormente a las Antillas. Entre 1603 y 1606 residió en Madrid donde se le pierde la pista, aunque se supone que regresó a las Indias.

Si no fuera por una coincidencia no se tendría conocimiento de la historia del capitán Francisco de Cuéllar, de hecho no se tuvo hasta 1884 cuando en la Real Academia de Historia en Madrid apareció una carta que de Cuéllar había escrito en Amberes en 1589, remitida a su majestad Felipe II, describiendo su epopeya durante la empresa de Inglaterra. Enlace a la carta del Capitán Francisco de Cuéllar.

Si bien la historia de la armada invencible parece no suscitar especial interés en España, en el pueblo irlandés de Grange decidieron hace ya unos años formar una asociación para honrar la memoria de la “Spanish Armada”. Han conseguido reunir dinero para habilitar un pequeño centro de interpretación de la Armada en el antiguo edificio de justicia, inaugurado el 22 de septiembre de 2018, al cual asistieron miembros de la actual armada española. Su director me comentó que es una pena que el edificio sea pequeño y no tenga espacio para los cañones recuperados del fondo del mar, un pedrero de la Juliana se encuentra expuesto actualmente en el Museo nacional de Irlanda en Dublin. El centro de interpretación de Grange es gratuito y permanece abierto los sábados y domingos de julio a septiembre en horario de doce a cuatro.

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Información disponible en el centro de interpretación de la Armada de Grange

Aquí os dejo otros enlaces de interés por si os apetece saber más de esta historia.

Acto de homenaje en Streedagh 2017.

Patente de corso, Arturo Pérez-Reverte.

La fuga del náufrago, Miquel Silvestre.

Por último un mapa con los lugares de la ruta del capitán Francisco de Cuéllar.

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